Cargando publicidad...

Tupi, una historia que nació chica, pero soñó en grande

Todo gran proyecto comienza con una idea, pero solo algunos se convierten en historia. La de Tupi SA, que celebra este 2026, 30 años de trayectoria, empezó lejos de los grandes salones comerciales y muy cerca del esfuerzo diario, la intuición y la perseverancia. Es la historia de Miguel Ángel Riveros, un emprendedor que construyó su camino paso a paso, sin atajos, guiado por un sueño que nunca dejó de crecer.

Tupi, una historia que nació chica, pero soñó en grande

1987: el primer paso sobre Eusebio Ayala

Corría el año 1987 cuando Miguel Ángel Riveros abrió un pequeño local sobre la avenida Eusebio Ayala. Lo llamó Electrodomésticos El Toke. No había grandes capitales ni amplias vitrinas: había pocas mercaderías, muchas dificultades y una enorme voluntad de salir adelante.

“Empezamos muy pobres, con lo justo”, recuerdó Riveros en una entrevista. En aquel entonces, Miguel hacía de todo: vendía, cobraba, entregaba los productos y volvía a abrir el local al día siguiente. Hubo épocas en las que trabajaba hasta 20 horas diarias, sosteniendo el negocio a pura constancia. Pero también había algo clave: la confianza de los clientes, que poco a poco se fue transformando en el primer motor del crecimiento.La confianza como capital

El boca a boca fue la mejor publicidad. La atención cercana, el cumplimiento y la palabra empeñada permitieron que El Toke comenzara a crecer lentamente. Con el tiempo, ese esfuerzo diario se tradujo en ahorro y en la posibilidad de pensar en algo más grande: un local propio, un nuevo comienzo.

1994–1996: el nacimiento de Tupi

En 1994, Miguel Ángel Riveros adquirió un predio sobre la avenida Boggiani, una zona que en ese entonces tenía poco movimiento comercial. Muchos dudaban. Él no. Dos años después, en 1996, se inauguró oficialmente Tupi SA.

Al principio, el desafío fue el mismo de siempre: atraer clientes a un lugar que aún no era referencia. Pero volvió a funcionar la fórmula que nunca falló: buena atención, cercanía y compromiso. “A la gente que llegaba le gustaba cómo la atendíamos, y otra vez el boca en boca hizo su trabajo”, cuenta.

Ese flujo constante de clientes permitió seguir ahorrando, invertir, crecer y consolidarse. Tupi comenzó así a posicionarse como uno de los actores principales en un sector cada vez más competitivo como el de los electrodomésticos.

Un empresario hecho a sí mismo

Detrás de Tupi hay mucho más que un retail exitoso. Hay un empresario self made, un líder que nunca dejó de ponerse metas grandes. Hoy, Miguel Ángel Riveros está al frente de Tupi, la importadora Globo SA y Bellavista, Inmuebles y Mandatos, tres empresas nacionales que reflejan una misma filosofía de trabajo.

Su rutina diaria conserva la disciplina de los primeros años. Se inicia a las 04:30 de la mañana, mate de por medio, informándose a través de diarios y canales digitales. Antes de comenzar la jornada laboral, camina durante una hora con sus hijas, desayunan juntos y luego cada uno va a su “puesto de comando”.

Las mañanas suelen ser las más intensas: decisiones, urgencias y desafíos constantes. Pero el espíritu es el mismo de aquel joven de 1987 que no se detenía ante ninguna adversidad.

Mirar hacia adelante, incluso en tiempos difíciles

Ni siquiera la pandemia logró apagar esa vocación de avanzar. Aunque obligó a postergar planes, Bellavista retomó el proyecto de construir un edificio residencial en la misma zona donde operan las demás empresas del grupo. “Es nuestra primera experiencia en construcción”, explica Riveros. La idea original era levantar dos edificios en simultáneo, pero las circunstancias obligaron a ajustar el rumbo. Hoy, el primer edificio ya está habilitado.

Treinta años después

Tres décadas después, Tupi es sinónimo de crecimiento sostenido, trabajo y visión de largo plazo. Pero, sobre todo, es la prueba de que los grandes proyectos no siempre nacen grandes: a veces empiezan con un pequeño local, pocas mercaderías y un emprendedor dispuesto a darlo todo.

Porque detrás de cada gran empresa, siempre hay una historia. Y la de Tupi empezó con algo chico, pero con un sueño enorme.